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spanish.china.org.cn | 04. 08. 2022 | Editor:Teresa Zheng Texto

La visita de Pelosi a Taiwan será hecha trizas por el juicio de la historia

Palabras clave: Pelosi, Taiwan

Misión suicida.


El miércoles por la tarde, la presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Nancy Pelosi, salió de la isla china de Taiwan y voló hasta la República de Corea. Durante su estancia de 19 horas en Taiwan, Pelosi y Tsai Ing-wen protagonizaron un "doble acto", cada una de ellas albergando sus propios pensamientos ocultos. Sus comentarios no fueron otra cosa que las mismas viejas líneas ensayadas en repetidas ocasiones. Se halagaban mutuamente y parecían eufóricas e inspiradas. Esto parecía no solo bizarro sino también inmoral en el contexto de las tensiones en el Estrecho de Taiwan.

Para hacer evidente su así llamado apoyo sólido a la isla, Pelosi declaró que Estados Unidos "está del lado de Taiwan". Probablemente quería impresionar al mundo como una anciana de 82 años que "ofrece su apoyo" a Taiwan sin importar el peligro, lo cual no es sino una forma de encubrir el propósito siniestro de su visita. Esto nos recuerda un fenómeno común en la comunidad internacional de los últimos años: aquellos con los que algunos políticos estadounidenses afirman estar de su lado estarán tarde o temprano ahogados en un mar de problemas.

Como la tercera política estadounidense de más alto rango, Pelosi declaró desvergonzadamente que Estados Unidos "no abandonará su compromiso con Taiwan", lo que no es sino una violación a la seriedad de los compromisos políticos asumidos por Washington ante China. ¿Dónde está la credibilidad nacional de EE.UU.? Si bien Pelosi ha afirmado su oposición a los "esfuerzos unilaterales para cambiar el status quo", ha tomado la iniciativa de provocar problemas en aras de realizar sus propios intereses políticos, y con ello ha incitado imprudentemente a las fuerzas que buscan la "independencia de Taiwan”; ha ido tan lejos que incluso ha expresado que espera que su viaje "allane el camino para otras visitas de legisladores estadounidenses". ¿Cómo podría esto no cambiar el status quo?

Además, Pelosi adoptó la postura de que está dispuesta a trabajar con Taiwan para "hacer frente a los desafíos externos", lo que en realidad era una solicitud al Partido Progresista Democrático (PPD) de la isla a que le rindiera pleitesía de forma disfrazada. Ella está socavando a Taiwan mientras le coloca un barril de pólvora. En cierto sentido, la visita de Pelosi a Taiwan es un acto de demolición.

Obviamente, la vista de Pelosi siempre está puesta sobre los cuantiosos beneficios políticos internos que esta acción le traerá. Tsai necesita demostrar que ha sido halagada, pero es difícil para ella no pensar en el precio que pagará la autoridad del PPD después de que Pelosi regrese a los EE. UU. Esa inquietud y ansiedad no se aliviarán, sino que continuarán extendiéndose e intensificándose, y se convertirán tarde o temprano en la desesperación colectiva de las fuerzas independentistas de Taiwan de cara una tendencia general por la reunificación en el Estrecho.

Para Pelosi, a quien le queda poco tiempo en su carrera política, esta visita ha satisfecho en gran medida su vanidad. Recibió un"trato de honor" igual que una "emperatriz viuda". Cuando los medios de comunicación de las fuerzas independentistas describieron la elección de Pelosi para su hotel, la describieron con una frase que se publicó como "elección imperial". Además, véase también cuán obsequioso fue Tsai cuando se reunió con Pelosi, que poco faltó para que se arrodillara. Haciendo a un lado las sucias acciones de los secesionistas de Taiwan que se convirtieron en traidores para obtener ganancias personales, su servilismo por sí mismo es suficiente para clavarlos en el muro histórico de las vergüenzas.

Pelosi es la política típica de Washington: arrogante, paranoica y con ganas de montar un espectáculo. Probablemente muchas personas aún recuerden la escena en la que rompió públicamente su copia del discurso del Estado de la Unión del entonces presidente Trump en 2020. Incluso declaró de manera llamativa que lo rompió porque era un "manifiesto de falsedades". ¡Que irónico! Sus mentiras en Taipei también serán destrozadas despiadadamente por la historia.

En la larga carrera política de Pelosi, estos casos no son raros. Ella ha interpretado el papel estelar de quisquillosa. Esto es, no aspira a ser constructiva en absoluto, ni a tomar en consideración el panorama general. Una figura así, que hizo la vista gorda a la oposición de todos los partidos políticos y a la paz y estabilidad del estrecho de Taiwan, insistió pese a todas las cosas a ir a la isla para montar un espectáculo circense. El hecho de que una persona tan mezquina pueda incluso convertirse en el político número 3 en Washington es estremecedor para muchas personas.

Vale la pena señalar que en esta ocasión muchos políticos republicanos, entre ellos Mike Pompeo y Marco Rubio, incitaron vigorosamente y formaron un ruido bipartidista anti-China. Esto encendió alarmas en la Casa Blanca, que temió ser criticada por mantener una actitud "blanda con China", y reveló complacencia ante la visita de Pelosi a Taiwan. De hecho, la política de EE. UU. hacia China ha sido secuestrada por una atmósfera tan distorsionada que el pragmatismo y la racionalidad han atestiguado un retroceso. Las palabras y los actos radicales, arrogantes y arriesgados se han vuelto desenfrenados.

Lo que es ridículo es que después de complacer el provocativo viaje de Pelosi, Washington le pidió a China que no intensificara las contramedidas. ¡Qué petición tan arrogante y patética! Como Washington tiene cada vez menos elementos de presión para reprimir a China, la cuestión de Taiwan es la única carta que puede utilizar, lo que, sin embargo, también es una herramienta inútil. La visita de Pelosi ha confirmado al mundo que Estados Unidos es el mayor destructor de la paz a través del Estrecho. Cualquier contramedida que adopte China está justificada y es necesaria. Esto acelerará objetivamente el proceso de reunificación de China.

La serie de ejercicios militares ejecutados por la parte continental para contrarrestar la profundización de la colusión entre Estados Unidos y Taiwan formará de hecho un bloqueo temporal de la isla de Taiwan. Algunos secesionistas de Taiwan ya han comenzado a calcular cuántos días puede durar su gas natural. ¿A Pelosi, que se jactaba de "solidaridad" mientras estuvo en Taiwan, le importa? ¿Quién puede creer que habrá "buenos amigos" que salgan al rescate cuando la "independencia de Taiwan" se tope frente a un callejón sin salida? Serán al final abandonados como los peones en un tablero de ajedrez.


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