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spanish.china.org.cn | 31. 05. 2022 | Editor:Teresa Zheng Texto

Epidemia de armas en EEUU: un desastre provocado por el hombre

Palabras clave: EEUU, arma, violencia

Ilustración de la violencia armada en Estados Unidos: Liu Rui/GT


El 8 de abril de 2021, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, condenó públicamente la violencia armada en el país y la calificó de "epidemia". El mandatario solicitó al Senado aprobar de inmediato proyectos de ley que llene los vacíos en la adquisición de armas.

Un año después, las cosas aún no han cambiado. El 12 de abril de 2022, hubo un tiroteo masivo en una estación de metro muy concurrida de Brooklyn con más de 20 heridos. Un mes después, el 13 de mayo, un total de 10 ataques armados tuvieron lugar en 12 horas en Milwaukee, Wisconsin. Al día siguiente, el 14 de mayo, un joven de 18 años transmitió en vivo en Twitter el brutal asesinato de 10 personas en Buffalo, la mayoría personas de color. La violencia no quedó allí, y otro crimen sucedió la madrugada del 15 de mayo con un saldo de dos muertos en Houston, Texas. Nuevamente el 24 de mayo, otro hombre armado de 18 años abrió fuego y mató a 19 niños y 2 maestras en una escuela primaria en Texas, en lo que sería el tiroteo escolar más mortífero en casi una década.

La cultura de las armas está profundamente arraigada en la historia estadounidense. Desde el saqueo de las tierras de los nativos americanos hasta la expulsión de los colonizadores británicos y la expansión hacia el oeste, muchos episodios famosos están asociados con ella. Con solo el 4 % de la población mundial, Estados Unidos posee el 46 % de todas las armas de fuego de propiedad privada en el mundo, más de 400 millones, fácilmente el número 1 en posesión de armas per cápita.

Según el sitio web Gun Violence Archive, casi 45 000 estadounidenses han perdido la vida en tiroteos en 2021, el peor año en la historia de violencia armada del país. Desde principios de 2022, este lastre ha matado a más de 17 000 estadounidenses e incluso ha traspasado fronteras en Haití y las Bahamas, donde el 98 % de las armas ilegales proceden del país norteamericano. En México, el 70 % de los 17 000 casos de asesinato en la primera mitad de 2020 involucraron disparos, y el 70 % de las armas recuperadas de delincuentes tenían el mismo origen: Estados Unidos. Según funcionarios de la ONU, estas se han convertido en un importante desafío social en Colombia.

La Segunda Enmienda de la Constitución estadounidense estipula: "Siendo necesaria una milicia bien regulada para la seguridad de un Estado libre, no se infringirá el derecho del pueblo a poseer y portar armas". A medida que pasa el tiempo, la frase, diseñada para defender los derechos humanos y la seguridad de los estadounidenses, se ha malinterpretado deliberadamente como "el derecho de todos a disparar contra todos". Como indicó USA Today, "los tiroteos masivos convierten la cultura de armas de Estados Unidos en una cultura asesina".

La regulación nunca ha sido suficiente para prevenir su desenfrenado avance. Fabricantes, minoristas, importadores, distribuidores y campos de tiro o municiones están clasificados como "Fuerza laboral de infraestructura esencial" por el Departamento de Seguridad Nacional, al igual que el personal en supermercados y hospitales. Como lo describió David Chipman, el candidato de Biden para director de la Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos (ATF), la extraña realidad es que "en gran parte de Estados Unidos, es más fácil comprar un arma que una cerveza".

Uno de los obstáculos para el control de armas son las profundas divisiones entre demócratas y republicanos en el Congreso. Las armas ya es un tema político muy cargado y sensible. En la última década, los demócratas en la Cámara de Representantes han propuesto anualmente docenas de proyectos de ley sobre la violencia armada y sus reglamentos. Bloqueados por los republicanos, muy pocos llegan al Senado o a las sesiones de la Cámara para su debate.

Los órganos judiciales también cumplen un rol. La Corte Suprema dictaminó en District of Columbia v. Heller (2008) y McDonald v. City of Chicago (2010) que la Segunda Enmienda protege el derecho de una persona a poseer y portar armas y que este es exigible contra los estados. Una década después, en septiembre de 2021, Kyle Rittenhouse, un pistolero blanco de 17 años de Kenosha, Wisconsin, que mató a dos personas e hirió a una tercera, fue absuelto de todos los cargos.

Los grupos de interés de la lucrativa industria de armas rechazan con vehemencia su control. Existen más de 15 000 fabricantes en el país que cada año pagan más de $7000 millones en impuestos y gastan miles de millones de dólares en publicidad. La Asociación Nacional del Rifle (NRA), con más de 5 millones de miembros, invierte al año miles de millones de dólares en publicidad y lobby. Nueve presidentes han pertenecido a sus filas. Según CNN, entre los 535 congresistas en 2018, 307 habían "recibido contribuciones de campaña directas de la NRA y sus afiliados o se habían beneficiado de gastos independientes de la NRA como publicidad en sus campañas".

La epidemia de armas ha devenido una amenaza real para el pueblo estadounidense; sin embargo, Washington insiste en cambiar lo menos posible.


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