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spanish.china.org.cn | 29. 10. 2017 | Editor:Claudia Leng [A A A]

La construcción del PCCh rumbo a una Nueva Era del socialismo con peculiaridades chinas

Palabras clave: PCCh, China



 

Por Jorge Fernández

Entre las numerosas historias de la vida política de los partidos políticos, la del Partido Comunista de China (PCCh) es una de las más fascinantes, no solo por su capacidad para aglutinar intereses, sino por su notable cualidad de fortalecer sus propias estructuras por medio de la autorreparación.

Los sorprendentes avances de China, materializados en casi 40 años de reforma y apertura, emanan de un PCCh que evoluciona a la par de los retos que surgen de un mundo en constante movimiento. Más allá de ser una institución estática, es un partido activo y dinámico que se inventa y reinventa ininterrumpidamente bajo la única premisa de existir para servir al pueblo.

La celebración del XIX Congreso Nacional del PCCh marca un hito en este incesante proceso evolutivo. Con la incorporación de China en una Nueva Era del socialismo con peculiaridades chinas, los comunistas cavilan el camino avanzado en los últimos cinco años, rectificando comportamientos y atacando problemas de raíz, al tiempo que sientan las bases para hacer frente a los retos que aún faltan por vencer.

El informe presentado por el secretario general, Xi Jinping, en la inauguración del XIX Congreso Nacional del Partido Comunista de China, revela un mapa de ruta rumbo a una Nueva Era con peculiaridades chinas.

Los éxitos alcanzados por China, una economía que se perfila como potencia en ascenso, son resultado de la acertada dirección del Partido Comunista de China. Una institución que tiene como responsabilidad el bienestar de mil 400 millones de personas, además de la gestión de sus intereses en el escenario internacional, no puede evolucionar sin la constante rectificación y mejora de sus estructuras.

En estos trabajos de rectificación y mejora, es la aceptación de que al PCCh lo acechan amenazas, que el seno de la institución ha podido enfrentar males como la lenidad, la flojedad y la debilidad en su administración y disciplinamiento. El Comité Central ha rectificado el formalismo, el burocratismo, el hedonismo y la proclividad al derroche y a la suntuosidad, males que no habrían podido confrontarse sin un reconocimiento de su existencia y de los daños que causan tanto a la institución como al país en su conjunto.

Empuñando la bandera de cero tolerancia a la corrupción, se han montado colosales operativos para “cazar tigres”, “aplastar moscas” y “capturar zorros”, lo que además de ser motivo de satisfacción para una ciudadanía que aboga por la consolidación de un estado de derecho, envía una clara señal de que en China nadie, sin importar el cargo que ocupe, está por encima de la ley.

El éxito de China descansa en el PCCh mientras que el éxito del PCCh descansa en su capacidad de entenderse y corregir sus errores oportunamente con disciplina y rigurosidad.

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