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El arquitecto William van Alen planeó cuidadosamente el dramático descubrimiento del edificio de la empresa Chrysler en la ciudad de Nueva York. Hecha de impecable acero y modelada a partir de los tapacubos usados en los coches de Chrysler a finales de los 1920s, se finalizó en 1930. De estilo Art Deco y 77 pisos, el edificio se convirtió en el más alto del mundo en la época, con un total de 319 metros.