| La Universidad de Harvard es el sueño de muchos jóvenes. Para franquear su umbral, no solamente deberían ser brillantes en el estudio, sino también en el arte, el deporte, la capacidad de dirección y muchas cosas más... En fin, deben de ser sobresalientes en todos los aspectos. En su campus están las “personas de punta”, la rivalidad es fuerte, y los muchachos “omnitalentosos” se sienten muy fatigados. Una estudiante de facultad dice que duerme apenas un promedio diario de cinco horas y necesita de varios despertadores para levantarse en la mañana cuando tiene que asistir al examen. Además del cansancio físico, la presión psicológica también es grande. En los 1990, una estudiante de Harvard, celosa de una compañera de clase, la mató a ésta, estremeciendo al país. Al aparecer afligidos en la televisión los padres de ambas, todo el mundo sentía gran dolor. De ahí que la salud psicológica de los universitarios haya concitado la atención al público y la Universidad de Harvard haya fortalecido el cuidado de sus estudiantes en este aspecto. Su “equipo de tarea por la salud psicológica de los estudiantes” es justamente una organización de servicio psicológico a los educandos. Aparte de tener una línea telefónica caliente en 24 horas, el equipo les presta una variedad de servicios, guarda estrictamente en secreto su intimidad y les deja vaciar su ansiedad hasta la saciedad. Mientras un alto administrativo se hace cargo del servicio psicológico de toda la universidad, ha aumentado el número de médicos de psicología en el departamento de externos para los estudiantes. Por otro lado, la universidad maneja diversas clases de reducción de la presión, animando a los estudiantes a practicar qigong (gimnasia aeróbica de China, taiji (gimnasia lenta de China) y yoga (contemplación mental de la India). En la gaceta de la universidad se insertan muchas noticias de tales clases. La asistencia es barata, de tan sólo unas decenas de dólares por un periodo académico. El qigong y el taiji son los más aplaudidos. El reportero que esto escribe tiene en la oficia precisamente a un muchacho israelí fanático del qigong, quien era apático cuando no encontraba empleo en un comienzo. Más tarde se unió a una clase de este deporte chino para los estudiantes de Harvard y tras unas sesiones volvió a sentirse lleno de espíritu. Según comenta un profesor del Instituto de Medicina de la Universidad de Harvard, si uno sufre estrés por largo tiempo, le aparecerán la neurosis de ansiedad, la cardiopatía y la hipertensión y, en consecuencia, a medida que se acelera el ritmo de vida, los estudiantes de Harvard encaran una presión cada vez mayor. Por lo tanto, las actividades desarrolladas para bajar la presión son muy convenientes y les ayudan a relajarse en medio de las intensas tareas de aprender. (03/12/2004,CIIC) |