La Torre de la Campana y la Torre del Tambor se encuentran en el extremo norte del eje central de Beijing. Consisten en dos grandes construcciones paralelas.

La Torre del Tambor se construyó en el año 1273 y se denominó originalmente Torre de la Administración Ordenada. Se encontraba en el centro de la capital de la Dinastía Yuan. Sin embargo, se destruyó debido a las constantes batallas al final de la Dinastía Yuan y al principio de la Dinastía Ming.
En 1420, bajo el Emperador Yongle de la Dinastía Ming, el edificio se reconstruyó al este de su ubicación original y ha persistido hasta hoy día.
La Torre de Tambor fue el reloj oficial de Beijing. Tiene una base de 4 metros, sobre la cual, se distribuyen 5 cuartos. La altura total de la torre es de 46,7 metros. El brillo del sol resalta sus murallas y sus rejas pintadas en el color rojo, sus pinturas sofisticadas y sus esculturas de animales salvajes.
A través de una puerta ubicada detrás de la torre, se pueden subir los 69 escalones con lo que se llega a lo más alto de la torre. Originalmente, se guardaban numerosas reliquias de la Dinastía Song, pero, desafortunadamente, todas ellas se perdieron al principio de la Dinastía Qing. Antiguamente, la torre tenía 24 tambores, los cuales representaban los 24 términos solares. Actualmente, sólo queda uno. Este tambor tiene una altura de 2,22 metros y tiene 1,40 metros de diámetro. En su producción se ocupó el cuero de una vaca entera. En el tambor se encuentra una marca de puñalada. Esta fue hecha por los invasores japoneses tras el ataque de la Alianza de las Ocho Naciones a Beijing. Afortunadamente, no fueron capaces de robar el tambor debido a su excesivo peso.
A fin de revelar los crímenes que cometieron los invasores japoneses, se celebró una exposición en la Torre del Tambor durante el año 1911 y se renombró al edificio como “Mingchilou” (Torre del Conocimiento de la Humillación), para que la gente recordara las humillaciones que había sufrido la ciudad durante las invasiones extranjeras.
La Torre del Tambor sirve como un excelente mirador, desde donde se presencia el paisaje de todo el casco viejo de la ciudad de Beijing. Hacia el sur, se aprecian el cerro Jingshan y el lago Beihai, famosos por sus templos y su pagoda blanca. Hacia el oeste, se encuentran los lagos Houhai y Shichahai, donde las ramas de los sauces se mueven con la brisa junto al agua. Hacia el norte, se encuentra la grandiosa Torre de la Campana y hacia el este, se divisa la Academia Imperial y el Templo Lama, los cuales se destacan por sus muros rojos y su tejado dorado. Nadie puede resistirse a tan grandioso paisaje.

La Torre de la Campana se encuentra a unos 100 metros al norte de la Torre de Tambor. Es un edificio alto, de muros grises y tejado verde. Tiene una altura de 47,9 metros. En la fachada noreste, se encuentra una puerta, por donde se llega a lo alto de la torre a través de 75 escalones. En la parte superior de la torre, se encuentra una campana de cobre que mide 5,55 metros de alto, 3,4 metros de diámetro y 120-245 mm de espesor y pesa 63 toneladas. Consiste en una de las campanas antiguas más grandes de China. Las dos torres, con sus colores rojo y gris, forman un emblema armonioso en esta ciudad antigua.
Tanto la Torre del Tambor como la Torre de la Campana sirvieron como relojes del Beijing antiguo. ¿Cómo anunciaban la hora? Primero, conozcamos el sistema de horario de la China antigua. Según la costumbre, los chinos antiguos dividían una noche en 5 geng y cada geng representaba dos horas, a partir de las 19 horas. Entonces, Yi Geng (el primer geng) significaba de las 19 a las 21; Er Geng (el segundo geng) representaba las horas entre las 21 y las 23 y así sucesivamente hasta las 7 de la mañana. A fin de precisar el tiempo, las torres tenían instalados 4 relojes de agua de cobre y en el medio de ellos, un instrumento musical, llamado nao, también de cobre. Todos esos elementos constituían en un sistema mecánico para que el nao anunciara la hora. Más tarde, empezaron a encender inciensos para marcar las horas. Había personas encargadas de tocar el tambor y la campana a la hora de Yi Geng, para avisar que era hora de dormir.
Entre Er Geng (las 21 horas) y Wu Geng (las 3 horas), sólo se tocaba la campana, pero no el tambor, para no molestar a la gente. A las 5 de la mañana, sonaba el tambor y luego la campana, así la gente sabía que era hora de levantarse. El tambor se tocaba 18 veces rápidamente y 18 veces lentamente y se repetían 6 veces, a decir, se tocaban en total 108 veces y la campana también. Antiguamente, la gente creía que el número 108 representaba un año, por eso, el tambor y la campana se tocaban 108 veces.
El tambor sonaba tan fuerte que se escuchaba hasta en las afueras de la ciudad, a unos 20 kilómetros de las torres. Durante la Dinastía Qing, se nombraba un funcionario encargado especialmente de tocar el tambor y la campana. Todas las noches, cuando sonaba la campana, se cerraban las puertas de la ciudad y las calles se volvían tranquilas. Los guardias nocturnos salían a la calle con gong, palos y armas, a fin de anunciar la hora y salvaguardar la ciudad. Los cortesanos se levantaban al escuchar la campanada de San Geng (las 23 horas), se reunían fuera de la Puerta Wu junto a la campanada de Si Geng (la 1 hora) y entraban en la reunión matutina en el Palacio Taihe cuando la campana tocaba la hora de Wu Geng (las 3 horas).
El tambor marcaba días y noches y la campana anunciaba las horas. En el Beijing antiguo, donde aún no existían relojes, el sonido del tambor y las campanadas formaban parte importante en la vida cotidiana de los locales. Por tanto, hasta hoy día, aún existe el refrán que dice “tambor al atardecer y campana a la madrugada”.