spanish.china.org.cn | 15. 02. 2020 | Editor:Eva Yu Texto

China y América Latina: Un año más de amistad, desarrollo y prosperidad

Palabras clave: China y América Latina, 2019

 


Por Mauricio Castellanos

 

Cuando las cosas se hacen de la forma correcta, necesariamente salen bien. Por eso, en este 2019 la cooperación entre China y América Latina siguió avanzando a paso firme, y dando los resultados esperados por ambas partes aún en medio de las difíciles condiciones de la economía global, y a pesar de los ataques de quienes, en lugar de aportar y compartir, se dedican a encerrarse en sí mismos y a sembrar cizaña, con el fin de mantener una hegemonía que en el mundo de hoy sencillamente ya no tiene cabida.

 

Colombia, una de las economías más sólidas de Latinoamérica, aprovechó al máximo el 2019 para fortalecer sus vínculos con el que es el segundo destino de sus ventas al exterior. El mandatario del país andino, Iván Duque, estuvo en China en agosto, y logró concretar un objetivo importante, dada la naturaleza colombiana de país agrícola: la apertura del mercado más grande del mundo al banano y al aguacate Hass. Aparte de esto, en este año se registró un aumento del 18,4 por ciento en el volumen de las exportaciones no minero-energéticas de Colombia a China, que sumaron 260,7 millones de dólares, dato que junto con el incremento del 8 por ciento interanual en el número de turistas chinos, demuestra que la relación comercial colombo-china sigue diversificándose y alejándose de su tradicional enfoque en las materias primas. Adicionalmente, hace unos meses, los habitantes de Bogotá empezaron a moverse por la ciudad a bordo de vehículos dotados de la aplicación DiDi Chuxing, que para entonces ya hacía parte de la vida cotidiana de brasileños, mexicanos y chilenos. Y la joya de la corona fue puesta en noviembre, cuando después de un duro proceso de licitación, el consorcio chino APCA Transmimetro fue seleccionado para construir la primera línea de tren metropolitano de la capital, un auténtico hito histórico, toda vez que los bogotanos llevan esperando esta obra casi 80 años.

 

Por su parte, Ecuador puso en operación la central hidroeléctrica de Minas San Franciso, cuya construcción tomó ocho años y que tendrá una generación anual de 1.290 gigavatios/hora, garantizando el suministro a 222.000 familias en el sur del país. Asimismo, inauguró su más grande estación de recarga de vehículos eléctricos hasta la fecha, ubicada en Guayaquil, su ciudad más poblada, y construida por el gigante chino del sector BYD. La planta, con una capacidad instalada de un megavatio y 20 estaciones de carga rápida, surtirá de electricidad, en principio, a los 50 taxis y 20 autobuses eléctricos que en febrero convirtieron a Ecuador en el segundo país suramericano, después de Chile, en adoptar un sistema de transporte masivo impulsado por energía limpia.

 

Este año también fue testigo de progresos para la Franja y la Ruta, pues el número de países de la región que ya forman parte de la iniciativa llegó a 19, con la vinculación de Perú. Una de las naciones con lazos más estrechos con China en el continente suramericano, Perú también fue origen de buenas noticias con la firma de un acuerdo por 3.200 millones de dólares para construir conjuntamente un nuevo puerto, el de Chanca y, al norte de Lima, el cual complementará y a la vez competirá con el del Callao, el principal del país, con la consecuente agilización del comercio marítimo.

 

Por si todo esto fuera poco, en la segunda edición de la Exposición Internacional de Importaciones de China (CIIE, siglas en inglés), la participación de representantes latinoamericanos se fortaleció, con 12 países de la región haciendo el mejor uso de la promesa china de abrir su mercado aún más al exterior y poniendo de manifiesto el interés y la confianza de sus negocios en la segunda economía más grande del planeta. De seguir las cosas así, en este año el comercio bilateral no tendrá problemas para superar los 307.400 millones de dólares que se transaron en 2018, cifra que fue un 18,9 por ciento más alta que la del año anterior.

 

El broche de oro para cerrar el año lo constituyó la visita de Estado del presidente de El Salvador, Nayib Bukele, quien tras solo seis meses en el cargo llegó a Beijing para seguir consolidando unas relaciones bilaterales que se forjaron hace menos de un año y medio pero que avanzan a paso firme, como lo demuestra el hecho de que el país centroamericano ya forma parte de la Franja y la Ruta. Los consumidores chinos ya están disfrutando del café y el azúcar salvadoreños, y en la medida en que los nexos se fortalezcan, más adelante podrán tener acceso a otros productos, como las frutas y el cacao. Por supuesto, El Salvador quiere contar con China para desarrollarse en áreas como ciencia y tecnología y generación energética, y también en infraestructura de transporte, algo que dejó muy claro Bukele al viajar de Beijing a Shanghai, la segunda escala de su visita, a bordo de un tren de alta velocidad.

 

El joven mandatario regresó a San Salvador con el compromiso de China de financiar seis proyectos clave, entre ellos la construcción de una nueva Biblioteca Nacional, una planta de tratamiento de agua y la modernización del puerto de La Libertad.

 

El 2019 fue un año más en el que China y Latinoamérica y el Caribe actuaron con pragmatismo y sortearon, con resultados más que satisfactorios, la complicada situación económica global, agravada, por cierto, por la guerra económica desatada por Estados Unidos, y que por su cercanía geográfica y comercial con la región, ha tenido efectos particularmente perjudiciales para ella.

 

China ha llegado para quedarse. Las obras de infraestructura, las inversiones y las empresas chinas son cada vez más comunes y vistas con mejores ojos por gobiernos y habitantes, pues no solo aligeran las presiones a las que con frecuencia les someten organismos como el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo, que hoy invierten allí menos que China, sino que están permitiendo que el antiguo “patio trasero” de Estados Unidos avance con certeza y mayor velocidad hacia un desarrollo que antes le estaba siendo negado u obstaculizado deliberadamente, y al que tiene todo el derecho.


Con la presencia de China en América Latina y el Caribe ganan ellos dos, pero también podrán ganar quienes estén dispuestos a dejar atrás la mentalidad de la Guerra Fría y en vez de poner palos en la rueda se dediquen a trabajar junto con ellos para construir una región que pueda, por fin, explotar todo su potencial. Una Latinoamérica más desarrollada es, sin duda, una buena noticia no solo para ella misma sino para todo el mundo.  


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