spanish.china.org.cn | 21. 06. 2018 | Editor:Eva Yu [A A A]

La confianza y la determinación que China posee para encarar una guerra comercial

Palabras clave: China, EE.UU., guerra comercial


Autor:  Wang Xiaohui, editor en jefe de China.org.cn

 

La Copa del Mundo ha dado inicio, al tiempo que una guerra comercial comienza a desplegarse. Los contrincantes, que se baten en distintas modalidades, subieron el telón en la víspera del Festival del Bote de Dragón. Desde principios de agosto del año pasado, EE.UU. activó unilateralmente la investigación de la Sección 301, y con ello, el resplandor del comercio chino-estadounidense se puso en entredicho, aumentándose la fuerza de una tormenta que se avecina. El 14 de junio de 2018, EE. UU. anunció la aplicación de un 25% de aranceles punitivos a productos importados de China por valor de 50 mil millones de dólares; un día después, China respondió a la agresión de la misma forma; el 18 de junio, la Casa Blanca emitió una nueva declaración en la que amenazaba que establecería una lista de aranceles por 200 mil millones de dólares. El 19 de junio, el Ministerio de Comercio de China indicó en una declaración que si la parte estadounidense perdía la racionalidad y publicaba la lista, la parte China tendría que adoptar una combinación de medidas integrales cualitativas y cuantitativas con las que se presentase una sólida respuesta. A partir de esto, las fricciones comerciales se han elevado a un nuevo nivel. La guerra comercial está a punto de estallar.

 

Podría suceder tarde o temprano

“Una guerra comercial no tendrá a un ganador”, “Se infligirán mil bajas en el enemigo y se perderán 800 vidas propias”. Esto es lo que se ve casi a diario en los comentarios de la prensa desde que se elevó la fricción comercial chino-estadounidense. ¿Acaso un razonamiento tan simple como este no lo pueden entender el presidente Donald Trump y sus funcionarios? Lo entienden plenamente.

EE. UU. sabe claramente que también resultará afectado en una guerra comercial. No obstante, pareciera que presta más atención al resultado final de “infligir mil bajas en el enemigo”, y por ello prefiere obcecadamente pagar el precio de “perder 800 vidas propias”.

La Administración Trump, errática, quiere a ratos la conciliación y quiere a ratos la confrontación en el proceso de las negociaciones comerciales chino-estadounidenses. No es más que el arte de la guerra, es un método predeterminado por lo que respecta a otra estrategia, una que por medio de todo tipo de formas, incluida la guerra comercial, obstaculiza el avance del desarrollo de China y obstruye el desarrollo nacional. China debe reconocer esto con plena sobriedad.

Si observamos en retrospectiva y ponemos la vista en hechos más distantes, todo esto se aprecia sin dificultades. Este antagonismo, generado por la diferencia de sistemas sociales, posee un origen histórico extremadamente profundo. Comenzando por la Doctrina Truman, continuando con Nixon y su obra “1999: victoria sin guerra”, pasando por Madeleine Albright y la idea de que “al tenerse internet se tiene un método para hacerse cargo de China”, hasta llegar a la Administración Trump de hoy en día, es obvio que este trato hacia China se ha heredado. Solo que a diferencia de ellos, Donald Trump, un empresario convertido en presidente, no responde a expectativas racionales sino a acciones sensacionalistas que hacen que uno no vea con claridad el patrón.

 

Se deben hacer los preparativos para batirse en una guerra de larga duración.

La fricción comercial chino-estadounidense es un problema estructural y de tiempo prolongado, anhelar que en unos pocos años se desvanezca es inalcanzable. El 15 de junio, Donald Trump publicó un tweet en el que explicó la aplicación de aranceles punitivos a productos chinos por valor de 50 mil millones de dólares, y en el que sin importar qué todo se reduce a una idea: comercio desequilibrado en el que EE. UU. es el afectado, China la beneficiada y esto es injusto. El comercial chino-estadounidense en realidad padece un desequilibrio, pero no necesariamente es injusto.

Entre las razones hay gran complejidad. Está el problema de la insuficiencia de la apertura del entorno económico de una parte de China, y también hay asuntos generados por las empresas de propiedad estatal. No obstante, la razón más profunda es la diferencia de estructuras económicas de China y de EE. UU., el status del dólar como divisa mundial, un modelo de bajos niveles de ahorro y de alto consumo de los estadounidenses y el problema de la limitación a las exportaciones chinas de productos de alta tecnología, entre otros problemas de sistema o estructurales.

Tómese como ejemplo el dólar como divisa mundial. A inicios de la década de los 70 del siglo pasado, al desvincular el dólar del oro y al establecer el sistema petrodólar, EE. UU. no solo controló las fuentes energéticas mundiales sino que también puede decirse que se aprovechó al emitir “papel verde” con el que hizo que todo el mundo pagara sus cuentas. A fin de proteger la posición del dólar como divisa mundial resulta inevitable verter dólares en todo el mundo, y este resultado conduce indefectiblemente a un déficit comercial. Es una lógica tan sencilla como que una pieza de pollo no puede comerse dos veces. Los estadounidenses lo saben bien, simplemente evitan hablar del caso.Si bien el desequilibrio comercial chino-estadounidense es un problema de carácter estructural, no es posible solucionarlo en el corto plazo. Así, de ahora en adelante, las diferencias comerciales entre los dos países, incluidas guerras comerciales grandes y pequeñas, pasarán a ser una normalidad. Y por ello, China debe hacer preparativos para batirse en una guerra de larga duración.

 

Malestares en el proceso de desarrollo

El curso que toma China para su ascenso de ninguna manera está libre de obstáculos. Los últimos 20 años de la puesta en vigor de la Reforma y Apertura de China, pese a que la tasa de crecimiento económico fue muy rápida, todos y cada uno de los países de Occidente, especialmente EE.UU., sin importar el carácter cualitativo o cuantitativo, tienen una brecha colosal.

El 11 de diciembre de 2001, China se incorporó oficialmente en la OMC. En el tiempo posterior, China aprovechó oportunidades históricas de la globalización, amplió ininterrumpidamente la apertura, se integró en la sociedad internacional, y la economía saltó a la segunda posición mundial.

Desde el XVIII Congreso Nacional, China ha registrado un impulso integral en el terreno económico, militar, cultural, científico y de la gobernanza social. La proporción de la magnitud económica que ocupa en el mundo pasó del 11 al 15%, y el gobierno de China propuso que la meta económica virara de un crecimiento acelerado a un crecimiento cualitativo. La consecución de estos logros ha sido a cambio del afanoso trabajo de 1.300 millones de chinos dirigidos por el Partido Comunista de China. No obstante, a ojos de una país hegemónico que alberga un pensamiento de Guerra Fría, estos logros se han convertido en la base de “la Teoría de la Amenaza China”, la misma que ha pasado a ser un razonamiento que lastra el desarrollo de China.

Tras la II Guerra Mundial, EE. UU. estableció una posición de liderazgo en el mundo. Con la desintegración de la antigua Unión Soviética, surgió con mayor evidencia el estatus de EE. UU., de “la única superpotencia”. Sus múltiples vínculos políticos, militares, económicos e ideológicos hacían inalcanzable la gestión de un asunto en casi todo el escenario internacional sin la participación de EE. UU.

Esto hizo a EE. UU., desarrollar un pensamiento egocéntrico muy fuerte que dificulta aceptar un resultado de beneficio compartido con otros países. La guerra que despliega EE. UU., hacia China solo es parte de una combinación de golpes asestados para limitar el desarrollo de China.


Confianza y determinación

Mao Zedong escribió en un verso a Liu Yazi lo siguiente: “Prepárate para los desengaños llenos de agravios, y aguza la mirada en escenarios más allá de tu mirada”; Deng Xiaoping dijo: “el desarrollo es la máxima prioridad”; Xi Jinping ha señalado: “la clave está en gestionar apropiadamente nuestros propios asuntos”

Esta es la entereza y la resolución de hombres grandiosos. Debemos ver que EE.UU, a fin de materializar sus propios intereses, no considera a socios como la Unión Europea o Canadá, quienes le han seguido durante muchos años. Entonces, ¿podemos esperar que tendrá una consideración favorable hacia China? China se enfrentará indefectiblemente a dificultades y obstáculos en su camino hacia el ascenso. Y por ello, más allá de mostrar insatisfacción, debemos encarar el reto y responderlo con la mente fría.

De cara a la guerra comercial que EE. UU., provoca, 1.300 millones de Chinos, bajo la dirección del Partido Comunista de China y de la dirigencia gubernamental, conforman un frente unido cuya unidad es su fortaleza. 50 mil millones de dólares o 200 mil millones de dólares, al llegar el momento en el que los ánimos ya no estén caldeados, serán cifras nada más. China tiene una gran población, un mercado vasto y una poderosa resistencia económica. El Estado posee una colosal capacidad de ajuste y de resistencia a presiones. Está por verse quien se alza con la victoria.La guerra comercial chino-estadounidense es una batalla de larga duración, intensa y complicada. Hay que establecer el ritmo, mantener la confianza y mantenerse apropiadamente enfocados para superar todos los obstáculos y las dificultades.

En primer lugar, profundizar las reformas y ampliar la apertura, mejorar la estructura económica y el entorno de la inversión y el comercio del país; fortalecer la cooperación económica y comercial con la Unión Europea, Japón, Corea del Sur, ASEAN y África; ampliar el círculo de amigos para aliviar el impacto de la guerra comercial sino-estadounidense. .

En segundo lugar, promover aún más la construcción de "La Franja y la Ruta"; establecer una cooperación económica, comercial y cultural más estrecha con los países a lo largo de la Ruta con el fin de ampliar nuevos espacios para el desarrollo de China.

En tercer lugar, mantener la cabeza tranquila y conservar una actitud modesta, comprender suficientemente las deficiencias y problemas de China en las áreas de la innovación tecnológica, las tecnologías centrales y la producción de alta gama, aumentar la inversión en investigación, desarrollo científico y tecnológico y en la educación; y seguir firmemente el camino para desarrollar una nación poderosa en áreas de la ciencia y la tecnología.

Por último, por una parte mantener la determinación estratégica para salvaguardar los intereses centrales del país, y por otra, enfocarse en la situación general de las relaciones sino-estadounidenses para evitar agravar la guerra comercial y extenderla a otras áreas.

Este año marca el 40 aniversario de la reforma y apertura de China. Con plena confianza y frente a los desafíos, una vez más China ha llegado a un nuevo punto de partida.


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