spanish.china.org.cn | 04. 10. 2019 | Editor:Teresa Zheng Texto

Los puentes de China rumbo a la nueva era: 70 años de desarrollo y construcción socialista

Palabras clave: China, 70 años, desarrollo, construcción socialista

Por Jorge Fernández


El pueblo alberga la incuestionable convicción de que bajo la dirección del Partido Comunista de China el país se consolidará como una gran potencia en todos los campos.


El 70 aniversario de la Nueva China encierra, al igual que las seis conmemoraciones anteriores, un significado especial. Al orgullo nacional y al espíritu de pertenencia se suma un elemento crucial en el contexto histórico de la nueva era, a saber: la aquiescencia popular con la que la dirigencia nacional cuenta para continuar el fortalecimiento del Estado. China se puso de pie con el triunfo de la revolución de Mao Zedong. Y hoy el pueblo alberga la incuestionable convicción de que bajo la dirección del Partido Comunista de China el país se consolidará como una gran potencia en todos los campos.

Esta dualidad entre Estado y sociedad, extraño para algunos países de Occidente, amalgama la sustancia que alimenta al desarrollo chino. La República Popular China ha aventajado a países de todos los rincones del planeta a un ritmo imbatible, y se ha consolidado como la segunda potencia económica mundial. Este progreso, contrastado con la involución del régimen anterior, hace que 1.400 millones de personas coreen que el socialismo con peculiaridades chinas es la fórmula del éxito. Y a pesar de traspiés cometidos desde el seno de la cúpula política, el pueblo defiende los trabajos que el Partido Comunista de China ha desplegado desde la fundación del país hace 70 años.

La naturaleza de esta unión política difiere de la relación Estado-sociedad de las democracias de estilo occidental. Y por ello, ya sea por motivos ideológicas, teóricos o geostratégicas, lo cierto es que, admitámoslo, desde el triunfo de la revolución comunista hasta hoy día, la dirigencia nacional y su gobernanza han sido objeto de incesantes ataques y displicencias. ¿De qué se le acusa a la diligencia comunista? ¿De haber modernizado a un ritmo inédito a un populoso país? ¿De haber hecho de China un poderoso motor del crecimiento económico mundial? ¿De buscar el bienestar de su pueblo? Las campañas de desprestigio, ya sea por una u otra razón, no cesan a pesar de que bajo la dirección del Partido Comunista de China, el pueblo disfruta de envidiables niveles de vida bajo el cobijo de un Estado fuerte y robustecido.

Es por ello que, de cara a décadas de acoso exterior, vale bien reflexionar a qué responde esta comunión de ideas entre el partido gobernante y sus gobernados, y a qué se debe que el ciudadano de a pie empuñe la defensa y promoción del Partido Comunista de China. Para comenzar, la primera dirigencia reivindicó hace 70 años su derecho a edificar el socialismo en China con el triunfo de una revolución que unificó, casi en su totalidad, a un país dividido y explotado por el exterior. El pueblo chino depositó en Mao Zedong la confianza de adaptar el marxismo-leninismo a las necesidades chinas y de emprender, por medio de la modernización agrícola e industrial, el primer tramo de un trayecto orientado a la revitalización nacional.

La construcción emprendida a puertas cerradas, derivada no solo de una autoconfianza desmedida sino que también orillada por un cerco exterior, terminó a finales de la década de los 70 con un enfoque que observaba la apertura y la fusión con el mundo como claves para desarrollar la economía nacional. Sobre la base teórica y práctica forjadas por Mao Zedong, aunada a las condiciones construidas a lo largo de tres décadas en China, la política de Reforma y Apertura de Deng Xiaoping encontró una sólida plataforma para acelerar y mejorar los niveles cualitativos y cuantitativos en aras de la modernización y robustecimiento del Estado. El socialismo con peculiaridades chinas abanderó un desarrollo que a los países industrializados les demoró más de 200 años, y en el que se aparejó, como consecuencia lógica, la mejora de la vida de millones de pobres.

A la par de la rápida transformación de China, que resultó de la notoriedad de figuras distintas a obreros y campesinos, llegó también un momento de reflexión sobre la combinación de fuerzas para la construcción del Estado. Jiang Zemin observó en la teoría de las "tres representaciones" que además de proteger los intereses legítimos del proletariado, no debía desestimarse en el momento histórico actual la presencia de fuerzas productivas, culturas e intereses avanzados de la sociedad china. Y es con ella que el Partido Comunista de China cerró el capítulo de la lucha de clases, conveniente en las primeras décadas de la Nueva China, e inició uno de protección e incorporación de nuevas figuras en las estructuras del Partido. Las tres representaciones reivindicaron el papel del partido gobernante como impulsor de transformadoras reformas que añadieron ímpetu al fortalecimiento del Estado.

El desarrollo de China tras la puesta en vigor de la política de Reforma y Apertura no ha estado libre de problemas. La sorprendente modernización de China trajo consigo diferentes problemas, entre ellos un consumo de recursos naturales excesivos, una contaminación medioambiental severa y una marcada distancia en la brecha que divide a ricos y pobres. En respuesta a los nuevos desafíos Hu Jintao impulsó la concepción científica del desarrollo, con la que destacó la necesidad de aplicar un estilo de desarrollo basado en elementos como el desarrollo sostenible, la protección del medio ambiente y la justicia social.

Las aportaciones teóricas y conceptuales de cada uno de los dirigentes de China han sido material de apoyo para un proceso de análisis y nuevas reflexiones en la administración actual. La adopción del pensamiento de Xi Jinping sobre el socialismo con características chinas para una nueva era descansa en los éxitos, sacrificios y experiencias de China a lo largo de los años. Y en esta nueva era, la teoría enriquecida con el paso de las generaciones, que se fusiona con un espíritu patriótico vitalizado, fortalece el poder del Estado y facilita las tareas que asume el Partido Comunista de China bajo la dirección del camarada Xi Jinping como núcleo. La unión que hoy se aprecia en China descansa en el cumplimiento de las tareas que la dirigencia comunista se comprometió a cumplir desde la fundación de la República Popular China.

Es así que desde 1949 hasta hoy, a lo largo de siete décadas, las diferentes dirigencias han tendido puentes teóricos para dar continuidad al proyecto de construcción socialista. La aplicación de sus conclusiones ha hecho posible que el pueblo acorte distancias en los afanosos trabajos para edificar un país fuerte y mejor. Y si el Partido Comunista de China cuenta con el fiel apoyo de los chinos, esto se debe a que este ha encontrado soluciones satisfactorias en los diferentes periodos posteriores a la fundación de la Nueva china. Gracias al éxito de la dirigencia comunista, hoy el pueblo chino palpa, atestigua y disfruta los frutos de su propia revolución.


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