
Por Zhou Yiliang
En la China rural, en los muros residenciales que miran a las grandes carreteras solían pintarse consignas. Uno de los ejemplos más llamativos era el de tener un solo hijo. Esas consignas eran muy fáciles de recordar pero muchas de ellas parecían rudas o brutales.
Hace cinco años, se lanzó una campaña en todo el país para retirar esas consignas rígidas. Hoy, no ve consignas como “Casa destruida, hijo abortado y padres multados”, que adoctrinaban a la gente sobre las consecuencias de tener un segundo hijo. Apenas se trata de un cambio superficial, comparado con los cambios sociales que tienen lugar.
Uno de los cambios más obvios es el de la mentalidad del pueblo sobre la procreación. Hoy, las ciudades chinas exhiben bajos niveles de fertilidad. El coste de la crianza de un hijo es alto y las parejas son muy responsables al respecto. A medida que la urbanización se extiende por todo el país y más trabajadores migrantes se trasladan a las ciudades, la mentalidad de los campesinos cambia también y ahora son más responsables con la crianza de los hijos.
La arraigada aplicación de la política de planificación familiar también evoluciona. Los medios de prensa extranjeros critican con frecuencia que la planificación familiar de China pisotea los derechos humanos. Sin embargo, deberían saber que las cosas son sencillamente diferentes. La mejora de la estructura y la calidad poblacional no significa la simple aplicación de una estricta política de planificación familiar – se trata de un proyecto social sistemático y muy complicado.
Hay tres pasos principales en términos de aplicación. Primero, su orientación a través de consignas, pósters y panfletos. Segundo, la orientación de interés por parte del gobierno. Específicamente, premiamos a las familias con un solo hijo y aliviamos la carga de las familias que cumplen la política pero cuyos hijos tienen dificultades para mantener a los ancianos del núcleo familiar.
Finalmente, se consolidan los servicios a las parejas jóvenes. En el presente, ofrecemos revisiones físicas y consultas gratuitas en las comunidades residenciales lo que contribuye a reducir las fricciones entre las parejas y los empleados de la comisión de planificación familiar local.
En algunas familias rurales, todavía está muy arraigado el concepto del hijo varón. Se cree que el aborto del primer hijo es de mala suerte. Por lo tanto, las parejas jóvenes normalmente tienen a su primer hijo sin importar el género e intentan tener un varón por todos los medios posibles.
Esto es entendible porque los campesinos no pueden trabajar a los 60 años y entonces a penas tienen medios para ganarse la vida. Por lo tanto, depender de un varón es una buena forma de sobrevivir.
Si la economía crece rápido y los ancianos disfrutan de una buena atención médica y condiciones de vida estables, ¿seguirá el pueblo chino viendo al varón como la inversión más confiable?
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