Hace varios días, los grandes almacenes de Beijing pegaron avisos en sitios ampliamente visibles anunciando el restablecimiento del horario original de servicios. Desde el 20 de septiembre el transporte público y las diversas entidades volvieron a la situación anterior. Se suprimieron las líneas de transporte especiales olímpicas y la prohibición de la circulación de vehículos según las placas de números pares o impares. Con la clausura de los Juegos Olímpicos la vida cotidiana en la capital está recobrando el ritmo del pasado.
En la temprana mañana el abuelo Zhang, que vive en el barrio Andelu del distrito urbano de Dongcheng, salía de costumbre al puesto de guardia, vestido del uniforme del voluntario y llevando su taza de té. A partir del 20 de julio, Zhang y varios compañeros iniciaron la labor de vigilancia diaria para garantizar la seguridad de los Juegos Olímpicos.
Los voluntarios de seguridad de este barrio persistieron en sus puestos hasta el 20 de septiembre después de terminar los Juegos Paralímpicos. El hijo de Zhang volvió a trabajar de acuerdo con el horario de las 09:00-17:00. Las señales de las líneas de transporte especiales olímpicas fueron desmontadas. En días recientes, los vendedores de carnes asadas al carbón restauraron sus puestos nocturnos. El abuelo Zhang expresa con emoción: Los Juegos Olímpicos pertenecen al pasado y todo el mundo empieza a retomar la vida normal.
Entre el 20 de julio y el 20 de septiembre, se aplicó en Beijing la medida provisional de circulación de vehículos según sus placas de números pares o impares y la velocidad máxima podía llegar a más de 40 kilómetros por hora. Gracias a esta y otras medidas, los capitalinos disfrutaron de 10 días consecutivos de primera categoría. Sin embargo, la prohibición por largo tiempo también causó muchos inconvenientes a los propietarios de coches privados. Sobre todo quienes viven en los suburbios esperaban con ansiedad la pronta supresión de la medida. Desde luego, para esas personas, el transporte público saturado no se compara con las comodidades del coche particular, aunque se produzca más contaminación.