Ren Hongbin, miembro del club de conductores de la ciudad de Mianyang, al suroeste de la provincia suroccidental china de Sichuan, ha estado conduciendo entre el distrito de Beichuan, uno de los más afectados por el terremoto del lunes, a Mianyang al menos diez veces al día desde el martes.
Ren, junto a los otros 24 miembros del club, ha ayudado así a transportar a los heridos desde Beichuan a los hospitales de Mianyang, a unos 60 kilómetros de distancia.
Los coches cargados de leche, agua embotellada, tallarines instantáneos y abrigos, recorrieron la carretera entre Mianyang y Beichuan con el objetivo de "ayudar a acelerar los trabajos de socorro", señaló Ren.
"Sólo quería entregar esos materiales y decir a las víctimas que no se desanimen", declaró el automovilista Zeng Damao, al tiempo que subrayó que "les ayudaremos a reconstruir sus casas".
Los ciudadanos han reaccionado con rapidez tras el fuerte seísmo, que ha causado la muerte hasta el momento de más de 19.500 personas, y se han unido para participar en las tareas de alivio por el desastre.
Los teléfonos móviles e internet también han ayudado a extender el sentimiento humanitario entre el pueblo chino. En la mayor página web del país, Sina.com, por ejemplo, se han escrito más de 750.000 mensajes de apoyo a los damnificados por el terremoto.
"El desastre es el asunto político más importante en la actualidad, y las tareas de alivio son la mejor manera de expresar nuestra emoción", señala hoy el rotativo local "Beijing Times" en un artículo de opinión.
A las 13:00 horas de hoy, podían verse dos colas, de 50 metros de largo cada una y formadas por jóvenes y mayores, en el exterior del autobús instalado para realizar donaciones de sangre en Xidan, una zona céntrica de negocios de Beijing.
Huang Lei, una joven de 22 años de edad que trabaja en una compañía local de telecomunicaciones, acababa de terminar su turno y se dirigió a Xidan. "Una vez me desmayé por donar sangre, y en esta ocasión mi deseo de ayudar a las víctimas del seísmo me ha impulsado a completar el proceso", señaló.
Junto a Huang había otros siete compañeros de trabajo, que afirmaron que los residentes de las zonas afectadas por el terremoto necesitan sangre urgentemente. "(Donar sangre) constituye la mejor manera de expresar nuestra preocupación", añadió Huang.
Yang Zhensheng, que nació hace 32 años en una tienda de campaña que formaba parte de los materiales de auxilio tras el terremoto de Tangshan, entregó 10.000 yuanes, su salario anual, para las víctimas de Sichuan. "Como superviviente de un seísmo, siento la obligación de hacer algo", sentenció Yang.
Zhao Jianping, quien regresó a Chengdu, capital provincial de Sichuan, de un viaje de negocios a Alemania, señaló que "los ciudadanos chinos, tanto los que residen en la parte continental como en otros países, se han unido ante el desastre".
Las estadísticas del Ministerio de Asuntos Civiles mostraban que sólo 24 horas después del movimiento telúrico, había recibido dinero y materiales por valor de 221 millones de yuanes (31,597 millones de dólares).
"En el momento en que sucedió el desastre, todos nos convertimos en ciudadanos de Wenchuan", una frase que ha sido repetida en las páginas de internet y periódicos chinos. Fin