Cuba apuesta por desarrollar la industria de los biofertilizantes y bioplaguicidas, en un estrategia dirigida a ahorrar sumas millonarias empleadas en la compra de productos químicos utilizados en la agricultura.
Una moderna planta de biofertilizantes se construye en la oriental provincia de Santiago de Cuba, con un valor de casi cinco millones de pesos (igual en dólares al cambio oficial) y tecnología desarrollada por el Instituto Cubano de Investigaciones de los Derivados de la Caña de Azúcar (ICIDCA).
La instalación, ubicada en las cercanías de la refinería de azúcar Dos Ríos, en el municipio de Palma Soriano, se encuentra casi al 60 por ciento de ejecución, obra que permitirá fabricar tres bioproductos importantes para el beneficio de la agroindustria.
Esos elementos son el biofertilizante Nitrofix, usado como fijador del nitrógeno atmosférico, la hormona reguladora del crecimiento vegetal Bioenraíz y el "Cluticid", que es un antifúngico folear controlador de plagas y enfermedades.
El asesor técnico de la obra, Luis Odio, explicó que el conjunto tecnológico de la planta en construcción es muy moderno, con menos riesgo biológico y un acentuado cuidado del medio ambiente.
La planta se hace más rentable por la cercanía al central azucarero Dos Ríos, principal abastecedor de los componentes, lo cual ahorra recursos financieros por concepto de transportación por carretera y ferrocarril.
Otra planta similar, pero con tecnología china de punta, es ejecutada en las afueras de la central ciudad cubana de Santa Clara, a unos 270 kilómetros al este de La Habana.
La planta, que debe concluirse en 2016, se erige a un costo de más de 29 millones de pesos (Igual en dólares al cambio oficial) y debe ser capaz de entregar importantes renglones completamente ecológicos destinados a la agricultura cubana.
De acuerdo con el director de inversiones de los Laboratorios Labiofam, Javier Morales, la fábrica entregará cada año producciones por unos 80 millones de pesos, que incluyen 1.000 toneladas del raticida "Biorat" y seis millones de litros de biofertilizantes y bioplagicidas.
El proyecto permitirá el ahorro de abonos importados como la urea, cuyo costo en el mercado internacional oscila entre los 250 y 350 dólares cada tonelada, sin incluir los gastos por transportación.
Para las autoridades cubanas es una prioridad la búsqueda de alternativas nutricionales para disminuir el empleo de altas dosis de abonos minerales, entre ellos nitrógeno, fósforo y potasio.
La fábrica tendrá condiciones para la elaboración de 12 compuestos, obtenidos a partir de las toxinas de microorganismos.
Hace unas semanas Labiofam puso en marcha en el este de la isla una planta para la producción industrial de aceites vegetales y de biofertilizantes e insecticidas, a partir de los frutos del árbol del Nim ("Azadirachta indica").
Emplazada en Holguín, a unos 730 kilómetros al este de La Habana, la planta es un complejo agroindustrial dotado con la tecnología necesaria para obtener y envasar distintos tipos de aceites de plantas oleaginosas como el girasol, el maní y el ajonjolí, cuyos cultivos también se fomentan en esa provincia del oriente cubano.
Los derivados finales del procesamiento de esas semillas poseen propiedades altamente beneficiosas para la salud, por lo tanto sus procesos de obtención se rigen rigurosamente conforme a las directrices de calidad del Laboratorio Labiofam, entidad ejecutora de la inversión, que superó los tres millones de pesos (igual en dólares al cambio oficial).
La planta produce una variada gama de biofertilizantes e insectiticidas derivados del árbol del Nim, de cuya especie se han plantado unas 800 hectáreas en zonas cercanas. Fin
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