Engañar a una esposa o a una persona cercana causa ciertamente celos y hiere a la persona engañada. Pero los hombres y las mujeres tienen ideas diferentes a la hora de señalar qué parte del engaño es peor: los hombres suelen sentirse más molestos por la infidelidad sexual, mientras que muchas mujeres consideran peor la infidelidad emocional.
La explicación para esta diferencia se encuentra en el hecho de que hombres y mujeres, en su evolución, han desempeñado roles sociales diferenciados; sin embargo, algunos estudios sugieren que esto tiene más que ver con el tipo de vínculo que la gente establece en sus relaciones.
La explicación evolutiva, que es la más extendida, postula que los hombres consideran la infidelidad sexual como la más grave porque desde tiempos inmemoriales han aprendido a ser muy vigilantes con las cuestiones de sexo, ya que no podían estar seguros de que su hijo fuera suyo. Las mujeres, por el contrario, se volvieron más sensibles en cuanto a la infidelidad emocional, ya que su preocupación estribaba en tener un compañero que las ayudara a criar a sus hijos.
Un estudio reciente muestra que la mayoría de los hombres se siente culpable después de un desliz sexual, mientras que las mujeres sienten más culpabilidad por uno de tipo emocional.
El problema de esta explicación prevaleciente es que, aunque los hombres daban más importancia a la fidelidad sexual que a la emocional según los estudios, sin embargo aún había un grupo de hombres que ponían consideraban más grave la infidelidad emocional, indica Kenneth Levy, un psicólogo de Pennsylvania. “Este grupo evidencia que algo más está ocurriendo”, explicó Levy a la revista LiveScience.
Nuestros vínculos con los demás
Levy, que se dedica a estudiar los vínculos en las relaciones, observó los resultados desde la perspectiva de su propio campo de investigación y comenzó a sospechar que las diferencias individuales en la percepción que los individuos tienen de una relación podría afectar a la visión que hombres y mujeres tienen de la infidelidad.
Levy habla de dos tipos de vínculos en las relaciones: desdeñoso y seguro.
Una persona con un vínculo desdeñoso “no ve el valor de una relación”, explica, describiéndolo como “hiper-independiente”. En otras palabras, la mayoría de nosotros valoramos nuestra independencia, pero también nuestras relaciones. Estos individuos sólo valoran su independencia y excluyen las relaciones”.
En el lado contrario, aquéllos que cuentan con un vínculo seguro valoran la relación y la interdependencia que entraña, dice Levy.
El psicólogo pensó que aquéllos con un tipo de vínculo seguro podrían sentirse más molestos por la infidelidad emocional, mientras que aquéllos con un estilo desdeñoso hacia las relaciones consideran como un problema más grave la infidelidad sexual.
Infidelidad sexual versus infidelidad emocional
Para comprobar esta idea, Levy y su colega Kristen Kelly hicieron que más de 400 estudiantes de licenciatura (de los cuales, casi tres cuartas partes eran mujeres) completaran una evaluación estándar sobre el tipo de apego en una relación amorosa y les preguntaron qué les resultaría más doloroso: la infidelidad emocional o sexual.
Los resultados del estudio, detallados en una edición reciente de la publicación Psychological Science, apoyan las sospechas de Levy: los hombres con un estilo de vínculos más desdeñosos encuentran la infidelidad sexual más molesta, mientras que los que tienen un sentido de la relación más seguro consideraban la infidelidad emocional como más grave. De forma algo inesperada, las mujeres llevaron a las mismas conclusiones.
“Así que, al parecer, la preocupación por la infidelidad sexual parece estar ligada a una vínculo desdeñoso, independientemente del género”, indicó Levy.
Si bien pareciera que aquéllos con un tipo de vínculo desdeñoso no otrogarían ninguna importancia a ningún tipo de infidelidad, sin embargo Levy subraya que este tipo de vínculo es de naturaleza ‘defensiva’; los tipos desdeñosos se autodistancian de la relación para evitar sentimientos profundamente enraizados o vulnerabilidad. Su preocupación por la infidelidad sexual muestra cierto interés por sus conexiones con los demás, pero a un nivel no emocional, explica Levy.
El experto sugiere que este modelo de vínculo ligado a los celos podría reemplazar el modelo evolutivo estándar, a pesar de tener unas razones evolutivas. El apego es un mecanismo que ayuda a la gente a interconectarse con los demás –una técnica de supervivencia muy importante en la sociedad humana. Estos vínculos se aprenden desde nuestras primeras relaciones, con nuestros padres u otros cuidadores, y parece estenderse durante toda la vida, cuando nuestras más importantes relaciones pasan de los padres a nuestros amigos y, finalmente, a las relaciones amorosas.
Así pues, parece que los estilos de apego que los adultos desarrollan en sus relaciones se aprenden muy pronto y no de forma programada.
La comprensión de este fenómeno podría indicar maneras de reducir los celos ligados al sexo, “los cuales, según las investigaciones, están ligados a todo tipo de conductas de inadaptación”, mediante la inculcación de un vínculo seguro en los niños o exponiendo a los adultos las ventajas de este tipo de vínculo, afirma Levy.