| spanish.china.org.cn | 14. 09. 2026 | Editor:Teresa Zheng | ![]() |
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Los pasteles de la luna vuelven a tomar protagonismo
Los rellenos clásicos conservan a sus fieles pese a la variedad moderna
Ding Shumin, de 60 años originaria de Beijing, mira el mostrador de una pastelería y selecciona cuidadosamente pasteles de luna. Uno para ella, otro para un familiar, unos cuantos para amigos… y algunos para su nieto.
Al salir de la tienda, la mujer tenía unos 20.
Podría haber elegido chocolate, durián y otros sabores contemporáneos. En cambio, se quedó con el sabor de su infancia: el wuren, el relleno tradicional de nueces y semillas.
“Cuando era pequeña, comer pasteles de luna era una de las cosas que más esperaba de la Fiesta del Medio Otoño”, dijo. “El wuren siempre fue mi favorito. Incluso ahora, todavía compró algunos”.
El empaque evocaba nostalgia y sabor. Primero se ponían 5 de ellos en papel kraft marrón; luego se envolvían en papel rojo brillante con el nombre de la tienda y el tipo escritos en caligrafía negra, antes de atarlos con un cordel grueso. No había caja de regalo, solo una envoltura sencilla de otra época.
A poco de celebrarse la festividad, el 25 de septiembre, estos pasteles de antaño son comunes en Beijing, y los establecimientos compiten con opciones cada vez más creativas.
Li Baozhi, de unos 50 años, lleva décadas en el negocio y ahora trabaja en la pastelería de Yaer Liji, una marca halal de larga data conocida por los sabores tradicionales de la ciudad capital, el atractivo de los mismos es su simpleza.
Li comenzó a prepararlos cuando rondaba los 20 años y recuerda que las primeras versiones eran sencillas, firmes pero crujientes.
“Es posible que antes se hiciera simplemente con azúcar, aceite y harina”, dijo Li. “Se colocaba la masa en un molde cuadrado, se presionaba hasta aplanarla, se desmoldaba y luego se horneaba”.
Hoy en día, Li prepara rellenos de antaño como el wuren, el de sésamo negro, el de frijol rojo y el de pasta de azufaifo, que, según él, son los más populares.
La masa también es claramente diferente de la corteza suave y almibarada de los pasteles de luna cantoneses.
“Los cantoneses se caracterizan por tener mucho relleno y una masa delgada, mientras que los de Beijing presentan una masa más gruesa y crujiente y menos relleno”, explicó Li, y agregó que el wuren tiene bastante acogida entre los clientes de más edad.
Sin embargo, preservar la tradición no significa congelarla en el tiempo. «Aunque sea un clásico, puede mejorarse. De lo contrario, no funcionará», dijo.
Para Li, los pasteles de luna forman parte del ritmo de la vida cotidiana china, al igual que los ravioles o jiaozi de la Fiesta de Primavera y los zongzi, o pasteles de arroz glutinoso de la Fiesta del Bote Dragón.
Un pastel de luna de unos pocos yuanes puede tener más significado que una costosa caja de regalo, anotó. Esa sencillez puede ser precisamente lo que le da a los clásicos su poder de permanencia.
En el pasado, eran un manjar estacional muy apreciado porque los alimentos eran escasos. Hoy en día, compiten con un menú al parecer interminable de alternativas —incluidos sabores que las generaciones anteriores ni siquiera hubieran podido cruzar por su mente—.
“Las ventas eran mayores en el pasado, porque había menos opciones”, comentó Li. “Pero ahora hay más: puedes comer pasteles de luna o cangrejos peludos”.
No obstante, el ritual presume de ser irremplazable. En el negocio donde compró Ding, se venden varios miles al día, según Ding Shilong, director culinario del restaurante. En el momento más álgido, antes del festejo, pueden llegar a 10 000 o incluso 20 000 al día.
En la cercana Qianmen, un barrio histórico en el centro de capital, Zhai Guangjun, de 53 años, regenta otra panadería tradicional escondida en un callejón o hutong. Comenzó a vender pasteles de luna aproximadamente un mes antes de la fecha, y la mayoría de los clientes son del vecindario.
Para muchos, dijo Zhai, comprarlos a la antigua no tiene tanto que ver con la novedad como con el recuerdo: un pequeño vínculo comestible con la infancia y con la promesa anual de las reuniones familiares.
Los rellenos varían mucho en China, desde las conocidas pastas de wuren y azufaifo de Beijing hasta el de carne fresca de Shanghai y el de semillas de loto de la provincia de Guangdong.
La misma tensión entre tradición y novedad también se vive en otras partes del país.
El 8 de septiembre, la influencer rusa Marina Maloy, quien vive en Shanghai, publicó un video en el que se la ve probando pasteles de luna en la calle Nanjing Este. Además de los clásicos de carne fresca, probó versiones más modernas como salsa de tofu de frijol rojo fermentado, camarones y huevas de cangrejo. Después de degustarlos, Maloy dijo que tras la experiencia comprendió el «respeto por la tradición y el amor por la vida» de la gente.














