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spanish.china.org.cn | 02. 09. 2026 | Editor:Teresa Zheng [A A A]

En las faldas de las pirámides, el Gran Museo Egipcio ofrece una nueva perspectiva para el intercambio civilizacional entre China y Egipto

Palabras clave: Egipto, museo, civilización
Spanish.china.org.cn | 02. 09. 2026

Ubicado a los pies de las pirámides de Giza, el viento del Nilo recorre las dunas de arena que se extienden desde hace miles de años hasta llegar a un museo moderno que abre un nuevo capítulo para una civilización milenaria: el Gran Museo Egipcio (GEM). El 1 de noviembre de 2025, después de más de dos décadas de construcción y espera, el mayor museo del mundo dedicado a la civilización del Antiguo Egipto abrió oficialmente sus puertas al planeta.

Para los egipcios, la inauguración del GEM representa mucho más que un nuevo destino turístico de clase mundial.

Según el portal del Servicio Estatal de Información de Egipto, el museo alberga y exhibe más de 57 000 piezas de artefactos del Antiguo Egipto. Observadores señalan que hoy funciona como una plataforma fundamental para que los egipcios cuenten su propia historia, protejan su patrimonio cultural y muestren su legado al resto del mundo.

Para China, que también cuenta con una historia larga y profunda, este museo brinda una nueva mirada para analizar la herencia, el intercambio y el aprendizaje mutuo entre civilizaciones.

“Que sean los egipcios quienes cuenten la historia de Egipto”

Dentro del GEM, el guía turístico egipcio Mohammed Helal, que usa el nombre chino Mu Mu y realiza visitas guiadas en idioma chino, declaró el lunes al Global Times que el museo tiene una gran relevancia porque entrega a los egipcios una plataforma más completa para “que sean los egipcios quienes cuenten la historia de Egipto”.

A su juicio, el GEM es un símbolo de la creciente confianza cultural de Egipto. “Antes, solían ser europeos y estadounidenses quienes relataban la historia de Egipto. Ahora tenemos nuestro propio museo y los egipcios podemos difundir la historia de nuestra civilización ante el mundo”, expresó Helal.

Helal destacó especialmente la protección del patrimonio cultural y la situación de los bienes arqueológicos sacados fuera del país. Señaló que el GEM envía un mensaje claro al mundo: Egipto tiene la capacidad y la determinación de custodiar su propio patrimonio cultural. “Al igual que China, Egipto nunca ha renunciado a recuperar sus piezas arqueológicas”, afirmó. Para él, este es uno de los motivos principales por los que estas dos civilizaciones milenarias logran conectarse entre sí.

“El amor” es un valor compartido por ambas civilizaciones, comentó Helal, mientras que la búsqueda de la paz constituye también un pilar fundamental para el entendimiento mutuo de sus pueblos.


De “ver” a “comprender”

Las palabras de Helal reflejan el dinamismo creciente de los intercambios civilizacionales entre China y Egipto en los últimos años.

Desde exposiciones sobre el Antiguo Egipto en el Museo de Shanghái, hasta trabajos arqueológicos conjuntos en Saqqara, pasando por el aumento de turistas chinos que visitan Luxor, Asuán y Giza: la civilización egipcia llega al público chino a través de canales cada vez más variados.

Al mismo tiempo, la historia y cultura milenaria de China se vuelven cada vez más conocidas en Egipto mediante exposiciones museísticas, cooperación arqueológica, producciones audiovisuales y intercambios entre personas.

Estos intercambios no se reducen a una simple “exportación” o “importación” cultural, sino que se asemejan a dos civilizaciones antiguas que se reflejan la una en la otra a través de distintas épocas históricas.

Cuando los chinos visitan Egipto, buscan en las pirámides, templos y jeroglíficos los secretos de la continuidad civilizacional. Cuando los egipcios conocen China, pueden observar en la Gran Muralla, la Ciudad Prohibida, los Guerreros de Terracota y sus tradiciones milenarias cómo una civilización antigua mantiene su vitalidad en la época moderna, explicó Helal.

Las civilizaciones se vuelven más coloridas gracias al intercambio y más ricas por el aprendizaje mutuo.

“Desde este punto de vista, el GEM no es solamente un recinto que guarda piezas del Antiguo Egipto, sino también una plataforma importante para que Egipto dialogue con todas las civilizaciones del mundo”, afirmó.

Cuando visitantes chinos se detienen ante la estatua de Ramsés II, cuando arqueólogos chinos trabajan junto a sus colegas egipcios en Saqqara y cuando se organizan exposiciones de la civilización egipcia en Shanghái, los intercambios concretos acortan la distancia entre ambas civilizaciones.

Según el Servicio Estatal de Información de Egipto, el GEM ocupa unos 490 000 metros cuadrados y cuenta con un salón principal de entrada de aproximadamente 7 000 metros cuadrados, donde se erige la estatua del rey Ramsés II.

El museo conserva más de 57 000 artefactos, cuenta con 12 salas de exposición principales, una sala de exposiciones temporales, las galerías de Tutankamón y un museo infantil. Las galerías de Tutankamón exhiben más de 5 000 piezas relacionadas con el faraón. Se estima que recibirá alrededor de 5 millones de visitantes cada año.

Al recorrer sus instalaciones, el público no solo contempla oro, joyas, esculturas de piedra y momias, sino también la forma en que una civilización registró, preservó su historia y se la contó al mundo. Para Helal, esa narración debe ser un proceso bidireccional.

“Nosotros podemos aprender de China y China puede conocer Egipto”, señaló. Destacó que aunque las dos civilizaciones antiguas presentan muchas diferencias, también comparten numerosos puntos en común.

Ese es quizás el sentido más auténtico del aprendizaje mutuo entre civilizaciones: no busca que una civilización reemplace a otra, sino que las personas encuentren recuerdos históricos y valores compartidos al verse y comprenderse mutuamente.

Desde las pirámides hasta el Gran Museo Egipcio, la civilización del Antiguo Egipto mantiene su diálogo con el mundo a través de milenios. Desde el Museo de Shanghái hasta los sitios arqueológicos de Saqqara, estas dos civilizaciones milenarias también se acercan una a otra mediante acciones concretas y profundas.

Al encontrarse nuevamente en el siglo XXI, lo que transmiten al mundo no es solamente su propio pasado. También responden una pregunta de cara al futuro: ¿cómo pueden distintas civilizaciones enriquecerse mutuamente mediante el intercambio y el aprendizaje recíproco, para aportar nueva vitalidad al desarrollo de la civilización humana?