| spanish.china.org.cn | 12. 02. 2026 | Editor:Teresa Zheng | ![]() |
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China se beneficia de la transición hacia la energía verde
En medio del frío glacial y las casas cubiertas de nieve en su pueblo de la provincia de Jilin, en el noreste de China, Kong Xiangling camina con comodidad por la cocina antes del feriado por el Año Nuevo Chino, utiliza una estufa de biomasa, mientras una olla de chucrut y cerdo se cocina a fuego lento, inundando el aire con su rico aroma.
El agua caliente de la estufa fluye a través de tuberías hasta los radiadores y mantienen la habitación a más de 20 °C, en gran contraste con el frío invernal y lleno de humo de Tangjiagangzi en Baishishan, Jiaohe, que Kong recuerda de hace décadas.
«Solíamos quemar leña para todo, ya sea para cocinar, calentar nuestras camas kang o simplemente mantenernos calientes», señaló. «La cocina siempre estaba llena de humo que nos irritaba la garganta y la escarcha se adhería en todos los rincones de la casa. Me levantaba antes del amanecer para echar carbón y limpiar las cenizas, y mis familiares siempre se quejaban del humo cuando venían de visita».
Esa dura realidad ha retrocedido en los últimos años gracias al impulso de China por la energía limpia en las zonas rurales.
Kong y más de 100 hogares de su pueblo han sido testigos de cambios espectaculares. Las letrinas han dado paso a inodoros con cisterna, las estufas de carbón a otras limpias de biomasa y el agua corriente ha eliminado la tarea diaria de acarrear baldes de los pozos. «Ahora, un puñado de paja comprimida sirve para cocinar y calentarse», apuntó. «No hay humo, no hay olor y nos ahorra dinero». La vieja estufa de carbón ahora yace en un rincón como una reliquia del pasado.
Jiaohe ha sido pionera en este radical cambio. Es el único distrito de las 3 provincias del noreste elegido como una de las primeras zonas piloto de la revolución energética rural del país. Además de promover estufas de biomasa, la ciudad desarrolla un proyecto de calefacción geotérmica de profundidad media en Baishishan, con una cobertura de 593 000 metros cuadrados, que pondrá fin de una vez por todas al uso de carbón.
A cientos de kilómetros al este, en la localidad de Tianqiaoling, distrito de Wangqing, prefectura autónoma coreana de Yanbian, Jilin, la energía limpia también transforma la vida en invierno. En el interior del parque industrial de hongos negros de Taoyuan, cubierto de nieve, los invernaderos a temperatura constante bullen de actividad mientras el vapor sube como un remolino y racimos de hongos negros y carnosos crecen en las estanterías.
Yan Cuilian, una de las trabajadoras del lugar, sostiene un detector de energía y observa con alivio su lectura estable. «Incluso cuando las fuertes nevadas bloquean las carreteras, nuestros invernaderos nunca se quedan sin energía gracias al equipo electrificado», afirmó. «Eso antes era impensable».
Situada en la frontera de China, Wangqing sufrió durante mucho tiempo de un suministro inestable. Al ser un área remota al margen de la red eléctrica nacional, la nieve y la lluvia del invierno a menudo congelaban los cables, provocando apagones. El cultivo tradicional de hongos negros dependía del clima y, una vez llegado el invierno, la labor se paralizaba, dejando a todos a la espera del cambio de estación.
«Antes ni siquiera podíamos ver la televisión libremente, y mucho menos cultivar hongos en invierno», recordó Yan. «El voltaje fluctuaba constantemente y los electrodomésticos se desconectaban a menudo».
Todo cambió en 2023, cuando la Red Nacional de Jilin puso en marcha una provisión autónoma de energía limpia en Wangqing. Los ingenieros desafiaron temperaturas inferiores a los -20 °C para escalar montañas nevadas y estudiar sitios fotovoltaicos. Fueron puerta por puerta, escuchando las necesidades de la población y prometiendo una solución autosuficiente.
«Al principio no creíamos», dijo Yan. «Pero en pocos meses, las bases fotovoltaicas, las pequeñas centrales hidroeléctricas y las estaciones de almacenamiento se conectaron entre sí y nuestros problemas quedaron resueltos para siempre».
La revolución de la energía limpia en la vida rural en el noreste de China también llega a gran escala al árido oeste, convirtiendo desiertos estériles en fuentes de energía verde y riqueza tangible.
El 3 de febrero, la segunda fase del proyecto fotovoltaico de control del desierto de 1000 megavatios en el distrito de Minfeng, prefectura de Hotan, Región Autónoma uigur de Xinjiang, completó la implementación de 22 772 estructuras fijas y 592 072 paneles fotovoltaicos. Construido por la Oficina 23 del Grupo Ferroviario de China (CR23G), este hito sentó cimientos sólidos para la próxima conexión a la red.
Situado en el extremo sur del desierto de Taklimakan, la obra es una iniciativa nacional de primer orden en el desarrollo a gran escala de bases eólicas y solares en desiertos, el Gobi y terrenos baldíos. Además, sirve como barrera ecológica de arenas movedizas y protección para las comunidades de Minfeng y sus alrededores.
Una vez en plena operación, el proyecto generará 1,902 millones de kilovatios-hora de electricidad limpia en su primer año. Y lo que es más, adoptará un modelo ecológico integrado: energía en los paneles, estabilización de la arena debajo de ellos y cultivo de pasto entre las filas, esto formará un cinturón verde de casi 9.8 kilómetros a lo largo del borde del desierto, lo que frenará el movimiento de las dunas y velará por la seguridad ecológica local.














