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Al ser una pieza artística consagrada a la protección ambiental, esta escultura de 16 pies de alto, es en realidad una combinación de un pato de goma de color rosa y un caramelo de almendra que tiene la forma de la cabeza de un cerdo. El escultor, Alvar Gullichsen, reveló que la obra es una crítica a la tecnología genética moderna y un homenaje a la tradición vanguardista de la ciudad de Turku.