(SPANISH.CHINA.ORG.CN) – La situación de la central nuclear de Fukushima, en el noreste de Japón, volvió a tornarse inquietante el lunes, al producirse dos humaredas en los reactores 2 y 3, lo que obligó a evacuar a parte del personal que trabaja desde hace varios días en el lugar para evitar una catástrofe aún peor.
Después de varias horas de cierta mejoría, tras conseguir llevar energía eléctrica a los 6 reactores de la planta y lograr que dos entraran en la fase de parada fría, la empresa Tokyo Electric Power (TEPCO), operadora de la central, confirmó haber recibido un informe, a las 15h55 (06h55 GMT del lunes), en el que se indicaba que “humo gris estaba saliendo por el techo del reactor 3”.
Inmediatamente los directivos de TEPCO ordenaron “la evacuación de los obreros que se encontraban cerca”, pero pocas horas después comunicaron que la humareda en el reactor 3 había cesado, aunque se había detectado humo blanco en el número 2.
De acuerdo con las autoridades niponas, el reactor 3 es el que más preocupa, debido a que contiene combustible MOX, una mezcla de óxidos de plutonio y uranio a partir de productos reciclados, cuyas partículas son consideradas más nocivas que las de combustible a base de uranio.
Aunque el primer ministro japonés, Naoto Kan, dijo el lunes que la situación en Fukushima estaba mejorando lenta pero regularmente, la población nipona se mantenía alerta, en particular los 35 millones de habitantes de la región de Tokio, que temen que el viento del norte lleve las sustancias radiactivas hasta la capital, a unos 250 kilómetros al suroeste.
De momento, las autoridades prohibieron la venta de leche y de dos tipos de verduras producidas en cuatro prefecturas cercanas a la accidentada central nuclear, por el nivel de radiactividad anormalmente elevado que se detectó en ellas, aunque aseguraron que “no es peligroso para la salud humana”.

Tampoco son perjudiciales para la salud, según el Gobierno, el nivel de radioactividad presente en la lluvia, el agua del grifo o en algunos alimentos en regiones cercanas a la central.
Diez días después del terremoto y el posterior tsunami que afectaron al noreste de la principal isla del archipiélago nipón, el balance provisional de víctimas ofrecido por las autoridades, ascendía a 22.000, de los cuales 8.805 son muertes confirmadas y 12.664 desaparecidos, una cifra que parece imposible ya vaya a disminuir por las pocas posibilidades de encontrar supervivientes a estas alturas.
De acuerdo con el Banco Mundial (BM), los daños ocasionados por el desastre natural a la tercera economía del planeta están entre los 122.000 y 235.000 millones de dólares, es decir, entre un 2,5 y un 4 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB).
Como consecuencia, el organismo financiero considera que el crecimiento del país se verá afectado negativamente hasta mediados de año, pero a partir del segundo semestre, los esfuerzos de reconstrucción supondrán un estímulo para la economía.
El japonés Yukiya Amano, director general de la Organización Internacional de la Energía Atómica (OIEA), declaró por su parte el lunes no tener duda alguna sobre el hecho de que la crisis nuclear en Japón será “superada eficazmente”.
Por último, se supo que TEPCO detectó niveles excepcionalmente altos de sustancias radiactivas en el agua de mar próxima a la central nuclear accidentada por el sismo, donde el nivel de yodo 131 y cesio 134 son 126,7 y 24,8 veces superiores, respectivamente, a las normas fijadas por el Gobierno japonés.
El nivel de cesio 137 era también 16,5 veces superior, mientras que el de cobalto 58 era más bajo que la norma, añadió Naoki Tsunoda, quien especificó que esos niveles no representan una amenaza para la salud humana.