ESPECIAL: Cuba da preferencia a producción arrocera

El gobierno cubano aplica hoy un programa de desarrollo de la producción de arroz para elevar los rendimientos y reducir las importaciones, lo que constituye uno de los retos más importantes de la agricultura cubana.

El gobierno cubano aplica hoy un programa de desarrollo de la producción de arroz para elevar los rendimientos y reducir las importaciones, lo que constituye uno de los retos más importantes de la agricultura cubana.

Esta política responde a la necesidad de cubrir la demanda de la población y disminuir los gastos ante el alto precio del grano en el mercado internacional.

Cifras oficiales indican que en 2013 la producción del ramo alcanzó 230.000 toneladas de arroz listo para el consumo, cantidad que supera en 47.000 las obtenidas en igual etapa del año anterior.

Cuba consume anualmente unas 700.000 toneladas de arroz, pero produce menos de la mitad de esa cifra.

El arroz constituye un componente indispensable en la dieta de los cubanos y es, a su vez, el alimento en cuya compra la isla invierte mayor cantidad de divisas.

Las autoridades del ministerio de la Agricultura (Minag) ejecutan el Programa Nacional Arrocero, aprobado en 2011, que persigue el aumento gradual de los niveles productivos hasta lograr 538.000 toneladas del cereal en 2016 --cifra récord alcanzada en 1986--, lo cual cubriría el 66 por ciento de la demanda del país.

El resto del consumo por parte de la población cubana, de 11,2 millones, se supliría como hasta ahora con importaciones.

Como parte del plan del Minag, el cultivo popular del cereal se ha extendido a 152 de los 168 municipios de la mayor de las Antillas, que cuenta con 18.000 productores asociados al movimiento de cooperativas agrícolas.

También se desarrolla un proyecto inversionista en aras de mejorar la producción mediante el rescate y crecimiento de las plantaciones e incremento de los rendimientos agrícolas e industriales.

Ese programa inversionista incluye la adquisición de cosechadoras, tractores y otros equipos.

Directivos y productores del sector admiten que existen problemas como una deficiente preparación de los suelos, la falta de la maquinaria necesaria y de una buena semilla.

También señalan la necesidad de recuperar campos y sistemas de riego, crear viales de acceso a las áreas arroceras, así como secaderos y molinos, y silos para el almacenamiento.

Otro elemento decisivo es la calidad de la semilla, en cuyo mejoramiento genético trabaja el Instituto de Investigaciones de Granos, de la provincia occidental de Artemisa, que tiene la tarea de la transferencia de tecnologías al campesino y es rector del correcto empleo de semillas certificadas.

Cuba dispone de más de 50 variedades de ese cereal, 35 de ellas aplicadas en el programa nacional de siembra, y de este grupo 11 son de alto potencial productivo y resistencia a plagas.

Varias de esas especies se utilizan en Nicaragua, Bolivia y Costa Rica, entre otros países con los que Cuba colabora.

Según los expertos, en la isla todavía hay muchas reservas por explotar que pueden favorecer los incrementos productivos, como la atención sistemática y diaria al cultivo, el correcto uso de los fertilizantes y del agua. F

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