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Las tormentas de arena que se registran en la provincia noroccidental china de Gansu están reduciendo secciones de la Gran Muralla a cúmulos de polvo, pudiendo incluso llegar a hacerlas desaparecer en unos 20 años, advirtieron arqueólogos.
Zhou Shengrui, ex director del museo del distrito de Minqin, manifestó que un sondeo nacional en los años 80 registró más de 60 kilómetros de la Muralla en el distrito, pero destacó que estaban desapareciendo rápidamente.

La sección de la Gran Muralla, construida en la dinastía Han ( 206 a.C. - 220 d.C.) y extendida en la dinastía Ming (1368-1644), está sobre la estructura principal de la Gran Muralla, que se extiende hacia el oeste entre el Paso de Shanhaiguan, en la provincia septentrional de Hebei, y el Paso de Jiayuguan, a unos 500 kilómetros al oeste de Miqin.
"Esta sección fue construida con barro en vez de ladrillos y piedras, por lo que es más propensa a la erosión. Con el tiempo, la Muralla se ha vuelto frágil, con el lodo convirtiéndose en polvo y terminado siendo arrastrado por el viento", comentó Zhou.
El cultivo excesivo desde los años 50 acabó con las aguas subterráneas de Miqin, y destruyó la ecología local. El Lago Qingtu, de 400 kilómetros cuadrados y 60 metros de profundidad, se secó entre los años 60 y 90 del siglo pasado. A principios de esa última década, las aguas del embalse ya habían sido reemplazadas por arena y éste se había convertido en parte del desierto de Badain Jaran, que se extiende más de 40.000 kilómetros cuadrados.
Desde entonces, Miqin se ha convertido en una de las principales fuentes de tormentas de arena en el noroeste de China.
"Las frecuentes tormentas de arena no sólo han erosionado el barro, sino que también agrietaron la Muralla, llegando incluso a hacerlas partir o colapsar", se lamentó Zhou.
Más de 40 kilómetros de la obra monumental han desaparecido en los últimos 20 años, quedando en la actualidad alrededor de 10 kilómetros en pie. Además, su altura se ha reducido de cinco a menos de dos metros. Las emblemáticas torres de vigilancia han desaparecido completamente.
"Como protector de reliquias me causa gran tristeza ver que el viento se está llevando a la Gran Muralla, pero al mismo tiempo espero que esto sirva para alertar sobre el daño que nos hemos causado a nosotros mismos y a nuestro medio ambiente", declaró Zhou.
Asimismo, el experto aseguró que a menos que se recupere la vegetación local y se contengan efectivamente las tormentas de arena, el daño será irreversible.
Trabajadores locales han venido cubriendo lo que queda de la Muralla con más polvo y arena. "Si hay nuevas tormentas, se llevará primero la capa adicional que hemos puesto, dándonos más tiempo para construir barreras y sembrar árboles", explicó Zhou, quien concluyó diciendo que, "por el momento no hay nada más que hacer".
(30/08/2007, Spanish.china.org.cn-Agencia de xinhua) |