

Según Liang Baiquan, exdirector del Museo de Nanjing, estos caso muestran un declive moral. “El patrimonio cultural de todos ha sido secuestrado por la clase privilegiada; es una muestra de que la sociedad busca beneficios rápidos y un signo de degradación moral”.
Según la normativa china sobre preservación del patrimonio histórico, las empresas constructoras deben llevar a cabo prospecciones e investigaciones de los lugares de construcción para asegurar que no están bajo protección estatal antes de iniciar las obras. Sin embargo, esta legislación no suele respetarse y su aplicación es a menudo inexistente.
Un estudio sobre construcciones en Pekín muestra que entre 4.191 proyectos concluidos en 2007 y 2008, sólo 2,3 por ciento siguieron las normas de la ciudad sobre conservación del patrimonio. El estudio fue realizado por la Conferencia Consultiva Política Popular de la capital china.
An Jiayao, investigador del Instituto de Arqueología de la Academia de Ciencias Sociales de China, afirmó que aunque que China había potenciado la protección de su patrimonio cultural, la falta de comprensión sobre el valor verdadero de ese patrimonio había desembocado en una pobre aplicación de las regulaciones.
Gao opina que China necesita aplicar la legislación de forma más dura y castigar a los infractores si quiere evitar daños mayores a su patrimonio histórico.